Un país sin elecciones

Alberto Blasco Unzama
Orreaga NEP

De nuevo como cada cuatro años, el Jefe del Estado español y sus representantes, llaman a nuestro pueblo a participar en las próximas elecciones para elegir, los parlamentarios y senadores que compondrán las próximas Cortes españolas.

Alla por los años sesenta, los disidentes de E.L.A. que estuvieron en el Pacto de Munich, vaticinaron que el nuevo regimen diseñado por las fuerzas españolas y apoyado por los nacionalistas vascos de entonces, buscaba como objetivo la asimilación y la integracion de este pueblo en la “ Democrácia española”.

Olvidados y ninguneados, el tiempo les ha dado la razón demostrando, que esta jaula construida para nosotros disfrazada de democrática y vasca, no tiene ninguna salida que nos pueda llevar a la consecución de nuestra libertad.

Ya comenzada la Transición española, la famosa frase de Telesforo Monzon: “ no participaremos en una partida donde todas las cartas están marcadas” aunque acertada en el diagnóstico, también quedo hueca a la hora de desarrollarse y las participaciones en las diferentes contiendas electorales que nos imponían desde Madrid, fueron metiéndonos de lleno en la competición fratricida por alcanzar escaños y concejalías en las instituciones españolas.

Llegados a este momento y en esta nueva cita electoral, el error de los últimos 37 años se vuelve a repetir y de nuevo, bajo la engaño de que :” tenemos que ser fuertes, porque el futuro de Euskadi o Euskal Herria se decide en Madrid o Vitoria ”, los políticos y partidos vascos que buscan conseguir escaños españoles, siguen llamando a este pueblo para llenar las urnas españolas de contradictorios votos por la independencia.

El doble juego de invocar a la independencia de una país que nadie sabe llamarlo, para conseguir votos, tendría una mejor explicación si hablarían de la “ Dependencia” que es en realidad para lo que votamos cada 4 años.
Deberían explicarnos que: “necesitamos el mayor numero de votos posibles, para poder estar en una mejor posición en el Parlamento de España a la hora de negociar la cuota de gestión que nos asignaran los españoles”. En estas elecciones no se habla en estos términos y es aquí donde aparece el engaño.

Los desengañados de las continuas promesas fracasadas de liberación, hemos dado un paso adelante encontrándonos en nuestra historia y hurgando hasta encontrar la clave de nuestra repulsa a todo régimen político que provenga de París o Madrid y es,

Navarra el nombre del País del que somos todos los Pueblos vascos.


Un nombre que los españoles no quieren ni pronunciar, puesto que saben que el símbolo ideológico que sustenta y la razón jurídica internacional que encierra, podrían destrozar la Sacro- santa Unidad de su imperio venido a menos.

Una razón política que nos hace rechazar de pleno las urnas de los imperios que nos conquistaron y su legitimación en nuestros territorios. Es el Estado que nos arrebataron el que nos demuestra la estrategia de liberación que este pueblo debe asumir si pretende ser libre. Navarra es la pieza que une la desobediencia, la insumisión, la justicia social, la libertad y nuestra verdadera democracia.
La recuperación del Estado de Navarra es la respuesta contraria a la oferta dependentista que nos ofrecen los unos y los otros a la postre, congresistas y senadores españoles, jurando constituciones españolas y olvidándose de las secuestradas instituciones de Navarra.

Otras nuevas elecciones que demuestran que los navarros no decidimos nada, que nuestros derechos no se defiende en Madrid sino que se atacan, porque precisamente para eso se diseño el parlamento y la democracia española, para pisotear los derechos de las los navarros y sus instituciones.

Para los estatalista navarros, nuestro derecho a la democracia está tan cerrado como las puertas de Las Cortes de Navarra en Pau, última capital de nuestro Reino. Sin democracia, sin constitución, sin parlamentarios navarros y sin derechos como corresponde a un pueblo ocupado.

Nuestra no participación en las elecciones extranjeras, reafirma más si cabe nuestra democracia propia

, nuestras instituciones propias, nuestro ser como pueblo y como estado. Cada voto que no recuentan los españoles es un voto hacia la libertad de este pueblo llamado vasco y de este país que se llama Navarra.

La partida de nuevo esta servida y cada cual deberá reflexionar si quiere seguir participando y legitimando esta farsa o al contrario comienza su personal etapa de descolonización.
Los navarros no votamos en Finlandia ni en Alemania ni en Portugal y muchísimo menos en las elecciones Francesas o españolas.
Ser cultos para ser libres. Viva Navarra libre.

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